Jugándole al vergas, pero vale la pena.

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Siempre hay que jugarle al vergas en esta vida, esa es la diferencia entre la gente del montón y los que somos únicos y exitosos. Esa ideología la he seguido a lo largo de mi vida, y en todos los aspectos me ha funcionado. Iré al grano, resulta que mi ahijada está enamorada de mí, o por lo menos eso es lo que ella dice. Durante años, ella se me insinuaba y como la verdad estaba muy verde, jamás se me antojo, hasta ahora. Está a punto de cumplir la mayoría de edad y como buen padrino alguien le tiene que bautizar el chiquito. Obvio, tenía que ser yo, así que termine dándole una buena cogida. Después de todo, preferible que sea yo, a un chamaco precoz que no le aguante ni 10 minutos.

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